Me miran y me dicen “Estoy mal, estoy muy mal, me siento fatal y no se por qué”. Bueno, es un tema delicado, pero vamos a tratar de dar un empujon a esta persona que está tan mal, pienso yo. ”Piensa, ¿qué te hace sentir mal?” pregunto yo. “Pues no lo sé, simplemente estoy mal, tengo ganas de llorar” Vale, bien, esa suele ser la respuesta en la mayor parte de los casos.
Mi realidad es que no se está mal porque sí. Uno no se encuentra deprimido sin más, no lloramos sin motivo y no nos sentimos tristes porque suele pasar. TODO tiene un motivo. El problema es que ese motivo a veces o no lo vemos o no queremos verlo.
Vamos con la segunda opción, que es más fácil de tratar bajo mi punto de vista. Hay un motivo para estar mal pero no queremos verlo. Pensamos que aceptar esa realidad nos puede hacer aún más daño que vivirlo en silencio. Ese es el primer error. Quedarnos el problema en nuestro interior. Cuando alguien está mal y de verdad quiere mejorar, sentirse bien y olvidar los malos ratos, lo que tiene que hacer es aceptar el motivo. Por ejemplo, tu trabajo es estable, te da un buen sueldo y con eso mantienes tu vida sin problemas, incluso tu familia depende de ese trabajo. El problema es que tus compañeros de trabajo te hacen la vida imposible, el jefe te trata a patadas y encima los horarios son odiosos. Todo eso te lleva a estar mal. Pero no quieres admitir ante nadie que es por el trabajo y mucho menos te lo puedes dejar… eso es impensable!

Admite siempre las cosas que te hacen estar mal, a pesar de que la realidad sea muy cruda y no quieras aceptarla. A pesar de que eso suponga dejar a tu pareja o tener que abandonar tu tierra. Pero atrevete a dar el primer paso y acepta la realidad.
No pretendo hacer un guía sobre como superar esos problemas. Pero si me baso en mi experiencia y en la de gente cercana, sé que lo mejor es aceptarlo todo y saber donde empieza el problema. Una vez que tengamos localizado el problema es cuando nos empezaremos a plantear cómo resolverlo. Dependiendo de cada caso habrá que hacer unas cosas u otras. En el ejemplo, si nuestro sueldo saca adelante una familia, tal vez lo mejor no sea dejar ese trabajo y buscarse la vida, tal vez podamos buscar alternativas, modificar nuestra conducta y utilizar el diálogo. Hay que ser consciente de que TODO tiene solución, unas veces resulta complicada y otras más fácil, pero hay que tener las ideas claras y echarle tiempo.
Ahora vamos con la segunda opción. No vemos el problema, está ahí pero no lo vemos claro. Puede ser un cúmulo de cosas o puede ser algo que tengamos medio olvidado pero que está provocando un dolor. En estos casos es más complejo, pero no viene mal dedicar un rato cada día o cada dos días a ver que nos provoca ese dolor.
En definitiva, primero hay que saber y aceptar lo que nos provoca el dolor. Y luego analizar como podemos mejorarlo. Es un proceso lento, por eso no hay que desesperar, porque la desesperación solo agrava las cosas. Además exige un poquito de fuerza e interés por nuestra parte, pero seamos sinceros, a nadie le gusta estar deprimido. Así que más vale que nos pongamos las pilas y salgamos de esos malos rollos ¿no?
¡Ánimo!
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