Como hoy no se muy bien de que escribir, voy a poner una canción de Ricardo Arjona. Me trae muy buenos recuerdos, pero esos me los guardo para mí
La historia es muy bonita, merece la pena prestarle atención.
Como hoy no se muy bien de que escribir, voy a poner una canción de Ricardo Arjona. Me trae muy buenos recuerdos, pero esos me los guardo para mí
La historia es muy bonita, merece la pena prestarle atención.
“La bodega tiene filtraciones, me he pasado el día intentando achicar agua, pero es en vano. Si sigue así podría ser fatal. Algunos alimentos no tienen buen aspecto, por la humedad. Sin embargo no tengo nada más para comer así que tendré que disponer de todo cuando pueda. Las condiciones climatológicas no han cesado desde hace dos días y no se cuando lo harán. Si esto viene de los dioses, entonces puedo afirmar que realmente están muy cabreados. En mi camarote aún persiste la paz y casi puedo olvidarme de que esta es mi muerte anunciada. El mar reclama su trofeo, yo soy su trofeo. Al menos puedo asegurar que se mantiene la dirección prefijada hacia el sur y eso me tranquiliza.”
J. A. Thompson – Jueves 4 de febrero
Bitácora del caminante
7:30 de la mañana, toca mi móvil. Suena una músiquilla melancólica de un videojuego, es lo que tengo por alarma y me relaja escucharla. Así que me levanto con sueño, pero bien.
7:35 a 7:50 de la mañana. Desayuno, me aseo, me visto, me preparo para un nuevo día. Salgo a la calle y me meto en el coche. Estoy concienciado, va a ser un buen día.
8:00 a 8:15 de la mañana. Llego a la oficina. Tras la cháchara en la puerta con los compañeros, entramos. Encendemos ordenadores, luces, levantamos persianas, tenemos otro rato de cháchara, organizamos los viajes de los camiones… en fin, la puesta a punto. Todo relajado, pues aún queda mucho día por delante.
8:30 a 13:55. Estoy currando. ¿Qué hago? Pues demasiadas cosas para contarlas aquí.
14:00 a 15:30. Como y duermo. No da para mucho más, pero ese rato de descanso me gusta al menos tumbarme y relajarme. Viene bien para afrontar la tarde con gana.
15:45 a 19:00. Vuelvo a currar. Las tardes suelen ser más relajadas, especialmente hasta las 18:00. Pues a esa hora vuelven los camiones y se forma algo de lío.
19:00 a 21:00. Generalmente voy al gimnasio, resuelvo asuntos pendientes o paso ratos de ocio. Muy variado cada día, no me gusta caer en la monotonía.
21:00. Hora de cenar. Algo ligerito para no terminar hinchado.
21:30 en adelante. Es hora de asearse, descansar, ver la tele un rato, leer, hablar por teléfono, etc. Listos para dormir un día más y disfrutar del siguiente.
No es que sea una vida apasionante, pero ya me encargo yo de que cada día huela distinto. De poner un punto de emoción y especialmente de disfrutar de los ratos de ocio. Aún sigo mirándome al espejo y pensando que esta es MI vida, que esta es la vida que quiero llevar AHORA y que me siento MUY bien.
¿Un consejo? Si haces este ejercicio de recordar un día cualquiera en tu vida y te parece muy aburrido, haz algo por cambiar, que siempre se puede, pero hay que tener mucha fuerza.
Hoy, en este apartado de multitudes, quiero hablar sobre un señor que conocí el otro día. No es uno de los asiduos al desguace, es más, es la primera vez que venía. Pero estuve un buen rato charlando con él y me dije: tengo que reflejarlo en mi blog.
José era su nombre, un señor mayor, rondando los 70 años diría yo. Esgrimía como tarjeta de presentación que el venía a “hacer negocios”. Su mayor negocio con mi empresa fue vendernos una máquina de hierro por la que le dimos 20 euros. Así que tampoco le solucionó mucho la vida. Pero me resultó curioso que organizara tanto follón para 20 euros.
En primer lugar saludó a toda la oficina, tendiendo la mano como buen caballero. En segundo lugar dijo su frase de que venía a “hacer negocios” y que a ver si todos “saliamos ganando”. Como el precio que le dimos inicialmente por la máquina no le cuadraba (a nadie le cuadran nunca los precios) pues dijo que el problema es que el “era español, pero “un poco más listo”. Para más énfasis lo dijo en catalán y se encargó de señalar que se refería a ser “un poco más listo que los murcianos”. Hasta aquí ya había demostrado suficientemente que se merecía que le dieramos una palmadita en la espalday le dijeramos “Ale, ale, váyase a su casa, al braserico, descanse y no tome pesambres”. Pero el hombre siguió insistiendo en el precio.
El precio inicial valoraba su máquina en 16 euros, el final en 19,6. Yo le pagué 20 (por aquello del redondeo) y con eso el hombre quedó contento. Cuando le dí el billete se sonrió y me dijo “Esto ya me gusta más, tú y yo nos vamos a llevar bien, veo que estás por encima tu también”.
Durante la siguiente media hora me habló del trato que daba a sus trabajadores (él tenía una empresa de cierta actividad que ni recuerdo) diciendo que valoraba mucho a la gente que trabajaba por y para la empresa y que les pagaba bien y todo eso. Desde ahí pasamos a ver las cosas buenas de la vida que, según él no era tener una mujer cada noche (cosa con la que estoy de acuerdo) ni beber mucho, ni salir mucho de juerga (cosas con las que también estoy de acuerdo). El decía que mientras no le faltara de nada, sin hacer excesos, era feliz. Y la verdad, y esto es lo que más me llamó la atención, es que se veía un hombre feliz.
Él mismo dijo que la gente lo podía ver como un poco tarado, por las cosas que decía. Y la verdad es que no le faltaba razón, pero sus ojos brillaban, hablaba con satisfacción de su vida y al final se ganó 4 euros sobre el precio que se le habría dado a cualquier otra persona. Argumentaba que era un hombre feliz, así que por mucha imagen que diera, si el hombre estaba satisfecho con su vida, entonces ¿por qué pensar que es un loco? Transmitía mucha alegría y mucha fuerza, a pesar de que ciertas afirmaciones eran “polémicas”.
Si bien es cierto que luego me habló sobre dictaduras y sobre la falta que hacía una ahora… y sobre unos obreros que tenían varias mujeres, etc. Ya desvarió un poco el tema y entonces me dio por desconectar de la conversación.
Finalmente el señor se fue tan contento, me tendió la mano y me dijo que contase con el para cualquier cosa, que no había gente como yo.
Y es que mira que viene gente curiosa…
Pronto mi blog cumplirá 5 meses. Parece que por fin he conseguido llevar un blog más o menos actualizado y no dejarlo antes de que cumpla un mes. He sido muy inconstante, pero ahora he conseguido esa constancia y no está nada mal. Algunos podrían llamarla rutina, pero a mi me ha servido para organizarme, centrarme y olvidar malos rollos.
Empecé este blog con el propósito de viajar a Japón. Después pensé que no tenía porqué hacer el viaje tan precipitado, especialmente porque al final no encontré compañero de viaje. Por tanto fui transformando mi viaje a Japón en un viaje a la felicidad, a sentirme bien (o mejor), a ejercitar mi cuerpo y mi espíritu y, finalmente, a arrastrar a quien se dejara llevar de mi mano a esa felicidad.
Hoy recopilo toda esta información y me doy cuenta de que no voy por mal camino, pues a fin de cuentas este es un blog sobre un viaje y así ha seguido siendo. Aunque ahora tengo algunos quebraderos de cabeza que antes nunca se me habrían planteado (por vivir aletargado) pero también es verdad que cuanto más sabes más ignorante te vuelves.
Por ahora quiero definir tres secciones principales en este blog: Sensaciones (donde escribo sobre sentimientos y demás cosas que me vienen a la mente) Multitudes (donde trato de retratar a las personas con las que me cruzo en mi trabajo) e Historias (un relato que escribiré por capítulos y que será producto de la improvisación). Respecto a mi viaje real a Japón, bueno, de momento está aplazado indeterminado, no obstante si alguien quiere acompañarme que se ponga en contacto conmigo y nos vamos ^_^
Quiero, para finalizar, agradecer a todas las personas que me han leído (llevo una media de 40 o 50 visitas diarias) a todas las que dejan comentarios y especialmente a todas las personas que me han ayudado en este viaje o que han decidido cogerme de la mano para continuar. Ahora mi vida merece mucho más la pena y este blog ha sido testigo de ello.
Un abrazo!
Pues sí, estoy cambiando. Definitivamente me he dado cuenta del cambio que se está produciendo en mi personalidad. Ya no miro hacia abajo, ya no bajo la voz, ya no me quedo callado. Ahora tengo que aprender a estarme callado cuando el decir una palabra alta suponga meter la pata. Es decir tengo que ordenar mi cabeza con un criterio, no dejarme pisar, pero tampoco intentar pisar a nadie.
Y de antemano decir un “lo siento” a los que tengan que soportarme. Pero esa rabia que saco a veces estoy tratando de manejarla. Como si fuera un monstruo grande, asqueroso y verde, pero poco a poco se convertirá en una pelota de un azul relajante que podré manejar a mi antojo.

Todos podemos cambiar, solo hay que proponerselo y hacerlo en serio, porque lo fácil es apostar por un cambio, lo dificil es mantenerte más de tres días. Claro que lo que más nos ayuda es el fin de nuestro cambio ¿Para qué queremos cambiar? En mi caso es simplemente por mejorar cuerpo y alma y creo que lo estoy consiguiendo. Lo mejor de todo es que una vez que entras en la dinámica de cambiar tu vida, se olvidan los problemas, dejas de pensar en el futuro para vivir en el presente y consigues quererte un poquito más y, por tanto, valorar más a las personas que realmente merecen la pena. Así que puedo decir que me siento de maravilla.
A lo mejor, estimado lector, hoy es el día en el que tú también puedes cambiar. Puedes mejorar todo y lanzarte a una nueva vida. Todos podemos hacerlo, porque yo me creía muy débil, muy manejable. Ahora me doy cuenta que todos tenemos la fuerza interior, pero el miedo no nos deja sacarla. Fuera miedos y pensamientos negativos, da un paso al frente y piensa que quieres cambiar, que quieres mejorar. Dentro de unos meses agradecerás esta decisión.
Un abrazo!
“Cruje la madera bajo mis pies. El barco se tambalea y fuera retumban las olas contra el casco. Es de noche, llueve. Las velas o lo que queda de ellas son mi único guía. El candil es mi aliado, la llama brilla con la esperanza de llegar sanos y salvos, me da calor y me alienta a escribir. Quedan pocas provisiones en la bodega, calculo que tendré para 10 días más. En cualquier caso tendré que administrar bien el alimento porque no se cuanto tiempo me quedará aquí. Los cielos rugen, los dioses deben estar muy enfadados esta noche. Por si fuera poco cae una recia cortina de lluvia. Y sin embargo, en mi camarote encuentro la paz.”
J. A. Thompson – Miércoles 3 de febrero
Bitácora del caminante
Quiero empezar el post de hoy con una cita de una canción de Ricardo Arjona:
“Olvidarte [...] Es creer que la memoria es un cassette para borrar,
Olvidarte es recordar que es imposible. Olvidarte [...]
Incluso es mas dificil que aguantarte.”
Y es que ojalá olvidarse de pasados amores y de personas que nos han hecho daño fuera tan fácil como pulsar un botón y hacer que todo esté bien.
La realidad es mucho más dura. Olvidar a alguien es imposible, siempre vamos a recordar a ese amor o a esa persona tan especial. Lo que podemos hacer es transformar los sentimientos con el tiempo. Conseguir que llegue un día en que recordemos a esa persona con cariño y alegría, pero no haya ese amor o esa necesidad tan fuertes. Todo el mundo puede reponerse y en ese sentido todo el mundo puede “olvidar”
Desde mi experiencia (como todo el mundo he tenido que olvidar sentimientos) creo que todo empieza por poner actitud positiva. Es normal sentirse mal tras un fracaso, pero eso no debe durar mucho por el bien de nuestra integridad. ¿De que sirve llorar 2 semanas después? Hay un tiempo de “luto”, pero no debe durar eternamente. Así pues, basta de llorar y de sentirse mal, hay una vida por delante y es demasiado hermosa para perdérsela.
El siguiente punto es cambiar nuestros hábitos. Si no hacemos ejercicio, empezamos a hacerlo, empezamos a cuidarnos, que todo eso nunca viene mal. Si hacemos ejercicio, pues entonces cambiamos el tipo de actividades. Todo esto contribuirá a mejorar nuestro cuerpo y al poco tiempo hará que nos sintamos mejor.
Otro paso más es cambiar los lugares de salidas y/o visitas. Si antes ibamos a la cafetería X (fuera con él o ella o no) cambiamos de cafetería. Hay que crear nuevos ambientes en nuestra vida. Dejar de visitar los lugares que se han visitado durante un tiempo y tratar de crear nuevas sensaciones en distintos ambientes. Esto ayuda mucho porque hace que el lugar donde estamos no nos pueda recordar a esa persona y si encima pasamos buenos ratos, cogeremos cariño a ese lugar por otro motivo distinto a la persona que nos tiene tan tristes.
Y por supuesto contar con los amigos, con los buenos amigos. Siempre hay algún amigo con el que estar, al que contarle nuestras cosas y que seguro estará encantado de ello. Salir aunque no nos apetezca mucho, disfrutar de cada rato y proponer nuevas actividades que antes no se solían hacer. No esta de más compartir nuevos hobbies e interesarte por temas en los que jamás pensaste.
Poco a poco irás construyendo un nuevo mundo, una nueva vida que dista mucho de todo eso que hacías junto a la otra persona. Y llegará el día en que recuerdes los otros tiempos con cariño, que puedas volver a ver a esa persona y que puedas incluso ir a los sitios donde solías ir. Te darás cuenta que todo fue bien, que todo terminó y que ha sido una experiencia enriquecedora, pero ahora has aprendido a caminar solo y es un logro!
Por cierto, esto no sucede de la noche a la mañana, ni en una semana, este proceso suele durar meses. Solo teniendo la decisión firme de levantar la cabeza y respirar tranquilamente de nuevo conseguirás “olvidarte”
Hoy voy a hablar sobre Bilyan. Un muchacho joven, fuerte, atractivo, de estatura media, piel clara y pelo negro, siempre con una sonrisa en la cara, seguro de sí mismo. Bilyan es un chico búlgaro que no vive exclusivamente del negocio de la chatarra, más bien es su primo el que vive de este negocio, pero Bilyan a veces le ayuda y viene con él al desguace.
Bilyan está legal en España, además lleva varios años ya y el idioma español lo domina muy bien. Con el nunca ha habido problemas de comunicación, aunque a veces simplemente asiente y no contesta, entonces es cuando deduces que no te ha entendido muy bien, pero volviendo a repetir lo que querías decir lo entiende.
Me sorprendió hablar con el porque demostró un nivel cultural muy grande. Es más, vive en su piso con su padre y tienen su conexión a internet y todo. Además el muchacho por las tardes va al gimnasio y alguna vez lo he visto tomando algo en la terraza de un bar. Hace pequeños trabajillos de chapuzillas, pero le van dando para vivir. Desde luego al hablar con él se ve que es una persona con inquietudes, con un estilo de vida más occidental. No estoy intentando imponer un tópico a todos los búlgaros, ni mucho menos, pero desde luego Bilyan no es como los que encontramos por aquí.
Una de las cosas que más me llama la atención es que le gusta la informática. Cuando viene me pregunta por cosas en internet, cosas de correo electrónico e incluso una vez me comentó sobre las hojas de calculo para llevar un control de sus gastos. A veces venía y me comentaba que había aprendido a usar algún programa interesante, tan emocionado y tan ansioso por aprender más.
Desde hace unos meses no lo veo por aquí, aunque el otro día vino su padre y si que me comentó que estaba trabajando. Desde luego Bilyan (y su padre) son dos ejemplos de inmigrantes que se han adaptado perfectamente a esta cultura y viven en unas buenas condiciones de higiene y seguridad. Es muy probable que tengan sus problemas y sus historias, pero son un buen ejemplo de inmigración que, como dicen por ahí: suman al valor del país y no restan como otros tantos.
Hace unos días que quería escribir sobre esto y hoy me ha surgido la oportunidad.
He titulado el post: El dolor ajeno no duele. Cuando un amigo pierde a su pareja, generalmente este amigo está hecho polvo, y nuestra reacción puede decirle que lo sentimos, que tiene que animarse, que es normal que se sienta mal… pero lo cierto es que no nos duele, no tanto como si nos sucede a nosotros. Podemos sentir el malestar por la situación, las ganas de ayudar, pero nunca nos va a doler como a la persona que le ha sucedido.
Y esto es muy lógico y normal, es una propiedad del ser humano y por mucho que intentemos ponernos en la piel del otro nunca comprenderemos como se siente porque sus sentimientos no nos hacen el mismo daño a nosotros. No quiero decir que seamos insensibles ante el dolor ajeno, pero nos duele en menor grado y desde luego no ocupa el 100% de nuestras preocupaciones.
Un ejemplo que se me viene a la cabeza de esto son las situaciones que se viven en el tercer mundo. Vemos en las noticias atentados, guerras, masacres… atrocidades de todo tipo donde sufren personas inocentes. Vemos maltratos a jóvenes y a mujeres. Vemos familias rotas por catastrofes o accidentes de tráfico. Lo vemos cada día y pensamos “¡Qué desgracia, qué pena!” Pero lo cierto es que nuestra vida va a seguir igual pase lo que pase. Ahora bien, si nuestros familiares mueren por un atentado o una guerra, si una catastrofe destroza nuestro hogar… ¿cómo nos sentiríamos? Desolados, pensando que nadie nos va a ayudar porque… a nadie le duele como a nosotros.
¿Qué podemos hacer? Pues poco, porque es el sentimiento del ser humano y casi nadie está dispuesto a dejar su cómoda vida para ofrecer dos manos en lugares donde se necesiten. Algunas personas si deciden dar el paso y son personas admirables sin duda. Pero la mayoría permanecemos sentados en la mesa, comiendo, mientras vemos en las noticias como mucha gente sufre.
Tal vez lo mejor sería no intentar estar en la piel del otro, no horrorizarse por el desastre. Sino intentar poner buena cara, ofrecer toda la ayuda que esté en nuestra mano y tratar de sacar una sonrisa de esa persona que lo está pasando mal. Si todo el mundo tratase de hacer feliz a la gente de su alrededor, tal vez sería un mundo mejor. Lamentandonos sobre lo mal que estamos y las desgracias que vemos a diario no vamos a conseguir nada, porque el dolor ajeno no duele.
Vuestras sensaciones