Sigo caminando y ahora me entran ganas de acelerar. Me apetece correr un poquito en esta vida. El que quiera seguirme tendrá que demostrarme que de verdad va a acompañarme. La vida no es para nada monótona. No llevo una vida rutinaria, aunque el ochenta por ciento de mi día sea lo mismo a diario. Pero son los pequeños matices los que me hacen ver la vida con otro color y no con ese gris que nos tratan de reflejar.
Por eso no me voy a amedrentar por nada, no voy a sufrir más que lo justito y seguiré poniendo buena cara. Tengo fuerza, si, hoy tengo mucha! Me he dado cuenta de que a pesar de seguir un camino a la felicidad, es inevitable encontrar baches, contratiempos y momentos en los que sientes que el camino se ha esfumado totalmente. Son ratos por los que hay que pasar a la fuerza.
Pero he sacado una pequeña conclusión que me sirve de mucho. El fin de esos momentos no es destrozarte y hacerte sentir mal, generalmente es enseñarte. La vida es como un maestro que a veces decide darte un golpecito con su regla. Es duro tener que aprender así y muchos dirían que no es la mejor forma de hacerlo (y yo estoy de acuerdo con esa idea) pero aprender a vivir no es fácil. A veces somos golpeados para espabilarnos, como la colleja que nos da el amigo cuando nos quedamos embobados.
Hay quien dice: lo mejor es no darle vueltas a la cabeza y pasar página. Yo he pensado así. Pero en mi intento constante de evolución me he dado cuenta que a veces merece la pena darle vueltas, un poquito, tampoco sin rallarse. Todo golpe servirá para mejorar, estamos de acuerdo, pero también servirá para aprender y de ese aprendizaje nace la mejora.
Así pues, si nos golpean y no queremos aprender, es probable que no saquemos nada bueno de esa situación. Siempre se puede aprender y siempre se tendrá la sensación de que, cuanto más aprendemos, menos sabemos. Porque el camino que hay que seguir es largo, no es tan sencillo como proponérselo y llegar.
Se que es un camino complicado, con baches y con ratos en los que desaparecen las ganas de todo. Se que es un camino largo, no es una “dieta de dos meses” o una “terapia de cinco sesiones”. Probablemente es algo que me acompañará toda la vida. Pero me gustaría que por un momento cada persona de las que leen esto pudiera vivir uno de esos momentos en los que se siente la felicidad, en los que uno se relaja y piensa que todo está en su lugar y todo está bien. De esa forma todos aprenderemos a valorar la felicidad a pesar de lo complicado que es vivir a veces.
Hoy siento que respiro vida y me encanta que haya salido el sol porque me voy dibujando el camino que tengo que seguir y la luz me ayudará a saber por donde camino.



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