… dicen que no da la felicidad, sin embargo ayuda.
Y puede ser cierto. Se nota en las caras de la gente, que los que disponen de dinero para caprichos son más seguros, más activos, parecen más felices, pero… ¿realmente lo son?
Conozco desde personas que tienen mucho, tanto como para derrochar en cosas absurdas, incluso en estos tiempos de crisis, hasta personas que viven con lo justito y que no pueden permitirse salir una noche.
Lo curioso es ver como las personas que tienen mucho (al menos las que yo conozco) no saben apreciar momentos felices de la vida. Muchos han olvidado lo inmesamente libre que puede resultar salir un domingo por la mañana y pasear por un bosque o un prado. Lo feliz que te puede hacer sentarte delante de un río a merendar. Son cosas que no cuestan nada, pero que he observado que según aumenta la riqueza, más se olvidan.
Disfrutan en fiestas inmensas, cuando compran vehículos caros, cuando hay comidas suculentas, eso para ellos es “buena vida”.
El problema es que los que no tienen, sueñan con tener esa “buena vida”. “Cuando tenga dinero me compraré un coche mejor (y eso me hará más feliz)” “Cuando tenga dinero podré irme a visitar todos los lugares del mundo (y por tanto llevaré una buena vida)”. Y si por un casual, uno consigue esa vida, entonces la apreciará y no se dará cuenta de las cosas que son realmente buenas y valen poco.
En este mundo se pueden atesorar momentos muy buenos que son gratis. Y conforme nos volvemos más dependientes del dinero, nos olvidamos de qué cosas son gratis y merecen la pena.
Claro… que no quita que el dinero no sea importante para vivir, al menos una pequeña cantidad. Pero yo, sinceramente, no necesito millones para ser feliz. Con poder caminar y disfrutar de los mios, ya me siento muy afortunado.
Un abrazo!



Vuestras sensaciones