La cita

21 10 2009

23:00 — 29 – septiembre – 2009

Se habían conocido, habían pasado juntos toda la tarde. De aquí para allá, paseando y descubriéndose felices de estar ahí en ese momento. Marta y Joel habían programado una cita y habían decidido llevarla a cabo esa misma tarde.

Al poco de estar juntos, Marta había cogido la mano de Joel. La había acariciado y la había puesto entre las suyas, disfrutando del tacto de una nueva piel. Joel, que no estaba muy acostumbrado a que lo tocasen y que siempre se había mostrado frío ante el calor humano, encontró agradable el gesto de Marta. Llegó a disfrutar tanto que deseó que sus manos no lo soltasen jamás.

Pasearon, jugaron, charlaron toda la tarde y finalmente Marta sugirió a Joel cenar algo, para terminar bien el día. Él accedió, a fin de cuentas lo que quería era seguir a su lado, se sentía bien.

Y tras la cena, estando Marta recostada junto a Joel, hablando de sus vidas, de aquello que les preocupaba, Joel probó sus labios. Y tras el primer beso, suave, cálido, vino un segundo y un tercero, ahora ya acariciando sus caras, sus espaldas.

La casualidad los había unido ese día, un día que ninguno esperó. La casualidad… ¿o la intención de Albert? El destino lo diría.





Una bala

6 10 2009

11:55 – - 29 – septiembre – 2009

Una bala que cruza el aire. Una niñita pequeña va con su madre de la mano. Camina feliz lamiendo su cucurucho de chocolate, su favorito. Al segundo siguiente, la niña yace en el suelo, con la cabeza ensangrentada y apoyada en las piernas de su madre que, arrodillada no para de llorar y pedir ayuda para su hija.

Algunos transeúntes llaman desde sus móviles a hospitales, policia, urgencias, etc. Otros simplemente miran la escena horrorizados y paralizados por la situación. Se oyen gritos de fondo y el llanto desconsolado y desgarrador de una madre que nota como su pequeña niña pierde la vida entre sus brazos.

La niña, con el cráneo destrozado por la bala de gran calibre, muere sin que nadie pueda hacer nada. La madre queda sola con su ropa y sus manos llenas de sangre.

Brahim estaba en el lugar indicado, esperando a realizar su trabajo y pensaba en esa escena. Eso sería lo que sucedería en unos minutos seguramente. Sin recapacitar un minuto más, sujetó firmemente su rifle y lo desmontó. Guardó la caja y abandonó su lugar. Era un asesino, pero esto era demasiado incluso para él.

La mañana trasncurrío pacíficamente. La madre atravesó la plaza con la niñita de siete años. Se oyó un disparo, que se mezcló con el resto de sonidos de la ciudad y en el que nadie reparó. Pero la bala no fue a parar a la niña.

Lejos de allí, en un edificio abandonado, yacía Brahim muerto, de un tiro en la cabeza.





Coincidir

24 09 2009

23:40 — 28 - septiembre – 2009

Joel contestó la llamada de teléfono, con un solo tono y colgó. No volvió a recibir llamadas esa noche.

11:00 — 29 – septiembre – 2009

Estaba trabajando, como todos los días desde hacía tiempo, en su oficina. Papeles desordenados por encima de la mesa. Cada mañana miraba esos papeles pensando que un día estarían todos ordenados y a partir de ese momento nunca más lo volvería a tener todo echo un jaleo. Sin embargo ese día no llegaba, los papeles, informes, avisos y demás estaban amontonados sin orden ni control y cada vez se acumulaban más.

Tecleaba aburrido los datos del último informe, con la esperanza de acabarlo pronto. Estaba desganado, aún quedaba mucha semana por delante. La verdad es que llevaba toda la mañana dándole vueltas al misterioso número. Decidió enviar un mensaje:

“No tengo ningún interés en hablar contigo, pero quiero saber quién eres y quién te ha dado mi número” pensó que sonaba un poco borde, pero no le gustaba que algún desconocido tuviera su móvil.

Poco después recibió la contestación:

“Quizá te suene de algo el nombre de Albert. Él me ha dejado este número y no tengo ni idea de quien eres”.

Quedó estupefacto. Albert era su buen amigo. ¿Por qué le iría dejando el móvil por ahí a nadie? Sin embargo pensó que se trataría de una broma pesada. Garabateó unos dibujos en el folio y continuó tecleando.





No tan afortunado

17 09 2009

20:00 — 28 – septiembre – 2009

Tenía los pies muy juntos y sobresalían un poco del bordillo. Diez plantas por debajo, el frío asfalto de una de las calles más centricas de la ciudad. La policia tenía acordonada la zona y cientos de curiosos se agolpaban abajo para ver al loco suicida que estaba en lo alto del edificio. Hasta la televisión lo estaba retransmitiendo.

Unos metros por detrás, en la azotea, estaba su mejor amigo en la ciudad. Trataba de tenderle una mano, pero él no quería ni mirarlo.

“Armando, por favor, coge mi mano. Sabes que no es el mejor camino, venga tío” decía su amigo angustiado.

“¿Y cuál es el mejor camino, Pierre? Esa mierda de premio en la lotería solo me ha traído infelicidad” dijo él volviendo la cara desafiante.

“No lo sé, pero lo encontraremos, vuelve, que yo te ayudo” rogó Pierre.

“No” dijo Armando ahora más relajado.

Después, se tiró.





Afortunado

17 09 2009

20:00 — 25 – septiembre – 2008

Estaba tirado en la cama, con los auriculares puestos a todo volumen. Meneaba los pies al ritmo de la música de Rammstein, con su canción Mein Teil. Tenía los ojos cerrados y trataba de mover la boca como si estuviera cantando la canción, aunque, a parte del título de la canción que tarareaba “main taiiil” poco más acertaba a decir.

La habitación tenía algunos carteles de éste y otros grupos de la misma tendencia. La cama, donde estaba tumbado, estaba desecha. Las puertas del armario abiertas y dentro, donde debería haber reinado el orden, había un caos absoluto de ropa. Justo cuando estaba empezando a imaginar una guitarra entre sus brazos alguien le tocó en la pierna.

“¡Eh, tio! ¡Qué ya empieza!” dijo una voz que apenas pudo escuchar.

Abrió los ojos y se quitó los auriculares, era su compañero de piso Pierre que le hacía gestos para que saliera de la habitación.

Se encaminó al salón escuchando unos números familiares. Los repitió mentalmente. Se paró en seco.

“¿Has oído eso?” dijo con el rostro totalmente pálido frente a su compañero Pierre.

“¿Qué? ¿Los números? Tío, ya te he dicho que empezaba” contestó éste un poco sorprendido.

“Sí… ya ha empezado… y nos ha tocado… son nuestros números…” contestó él casi sin dar crédito.

Acababan de ganar 115 millones de euros.





Soledad

15 09 2009

08:00 — 29 – septiembre – 2009

Brahim salió del hotel y se mezcló con la gente. Como si fuera uno más entre todos ellos. Sonidos de bocinas, motores, obras, pasos, gente hablando, gente gritando. La vida bullía un día más en la ciudad. Unos iban, otros volvían, la mayor parte con un destino fijo y unos quehaceres bien definidos. Era fácil sentirse uno más, una persona normal entre tantos desconocidos.

Sin embargo se sentía solo. Una soledad acompañada. A pesar de estar rodeado de gente, nadie lo conocía, nadie reparaba en él. No era como los demás, estaba en un universo aparte. Distanciado del resto por sus pensamientos, por sus objetivos. No, él no era como ellos.

Dejó atrás el hotel. Caminaba sin rumbo, donde lo llevaban sus pies. Cabizbajo, meditando. Dejó de oir la gente de alrededor, dejó de mezclarse con ellos y se sumió en su mundo, en su desdicha, en el error que estaba cometiendo y esperando un atisbo de perdón que sabía que jamás llegaría.

¿Matar a una niña de siete años? Condenaba su alma o se enfrentaba a Dios sabe qué. Tenía miedo de lo que pudieran hacerle, sí, eso era, un cobarde. No tenía otro nombre. Estaba en su propio universo, un universo cobarde. Solo, él solo.





El número

15 09 2009

23:00 — 28 – septiembre – 2009

Marta cerró la puerta de su casa. Volvía de tomar un café con uno de sus amigos: Albert. Dejó las llaves en el mueblecito de la entrada, se apoyó en la puerta y respiró profundamente. Su vida estaba un poco desordenada y no le había hecho muy bien estar escuchando a Albert, pero los amigos son los amigos y había que aguantar.

Albert le había contado su nuevo fracaso amoroso. “Esta vez al menos le había dejado un sosten de recuerdo” le había dicho entre bromas y quejas. Albert continuamente tenía desengaños amorosos. Marta pensaba que o bien era por su falta de compromiso o por su extrema entrega. En ese aspecto no lo conocía muy bien.

Entró al salón y dejó el bolso sobre el sofá un momento. Miró al rededor, volvió a respirar profundamente. La casa olía de maravilla, un ambiente a limpio y todo ordenado, como a ella le gustaba. Entonces reparó en un papelito que sobresalía del bolso.

“Llámalo, quizá te vaya bien.” Y junto a esa frase, un número de teléfono. Era la letra de Albert.

¿Qué se supone que era esto? ¿El teléfono de un psicólogo? No le gustó esa broma, arrugó el papel y lo arrojó a la papelera.

Pero media hora más tarde, aproximadamente, volvió a cogerlo, muerta por la curiosidad y marcó el número con su móvil. Un tono y colgó.





Encuentros

14 09 2009

08:00 — 28 – septiembre – 2009

Había acudido al local con unos amigos. El local tenía una decoración entre minimalista y lujosa. Decorado con buen gusto y unos sillones confortables, algo que era de agradecer. Además había una gran variedad de cafés y copas. Recomendable especialmente eran sus postres de chocolate. El lugar ideal para tomar un café mientras charlaban.

Hans reparó en un hombre solitario en la barra. Pensativo. Tomaba un White Label, en un vaso con dos hielos. Se acercó para pagar los cafés.

“Una buena mañana de lunes, ¿cierto?” dijo Hans con el ánimo de entablar conversación mientras alguna camarera le atendía.

“Depende de con quien hayas estado esta noche” Repuso el desconocido casi sin ganas.

“… aunque debería depender de uno mismo ¿no?” Replicó Hans algo confuso.

“No tengo una buena racha últimamente. Y no creo que contarlo a un desconocido en un bar sea lo mejor que puedo hacer, pero tú no me conoces, yo no te conozco y quizá sea lo que necesite ahora… ” dijo el desconocido antes de comenzar su historia.

Le explicó que llevaba poco tiempo en la ciudad y que era artista, su nombre: Albert. Vivía en un ático y aún no conocía mucha gente. Había conocido varias chicas. Primero una, se enamoró de ella… no resultó, tenía novio y no lo supo hasta un tiempo después. Luego otra, acababa de pasar la noche con ella… también tenía novio.

Hans se interesó por las chicas. La última, Juliette, no había sido tan intenso como la anterior: Sarah. Albert le explicó con detalle los momentos vividos con Sarah. Incluso le dijo que había estado en casa de ella, aprovechando que vivía sola.

“Lo siento, tengo que dejarte” dijo Hans cambiando totalmente su humor.

Se fue, sin más.

Sarah era su novia.





Bar

14 09 2009

23:35 — 28 - septiembre – 2009

Estaba apoyado en la barra del bar. Tenía un vaso con whisky y dos hielos. White label, su preferido. Jugueteaba con el vaso entre sus manos. Pensaba, no paraba de pensar.

El suelo de madera crujía con cada paso de los clientes. El local era rústico. Adornado con fotografías de músicos negros, grandes maestros del jazz. Los jueves por la noche tocaba un buen grupo. Se podría decir que era el local de moda de la ciudad. Donde todo el mundo acudía a tomar sus copas. Pero esta noche, lluviosa y fría, la gente había preferido quedarse en casa.  Después de todo, un lunes tampoco había mucho ambiente.

Joel se sentía derrotado. Se supone que era un tipo con grandes ideas, con grandes expectativas… y no conseguía hacer nada. Sentía su vida vacia. Desorganizado. No conseguía mantener un amor cerca de él. Nada lo completaba y no podía encontrar su sitio. Muchos le habían dicho lo que valía, lo bueno que era en todo. A la hora de la verdad, había salido derrotado en todo.

Recibió una llamada perdida en el móvil. Solo un toque. Colgaron. El número era desconocido.





Infiel

11 09 2009

15:30 — 28 – septiembre – 2009

Se encaminaba por el aparcamiento hacia su coche. Un Opel Astra color plata que había comprado de segunda mano. A esta hora casi todo el mundo había salido ya de la escuela. Ella era profesora. A estas horas, sin niños, sin ruidos, el colegio adquiría un matiz sombrío. Un lugar que habitualmente estaba bullente y lleno de gritos y risas, ahora permanecia en silencio, como abandonado.

Perdió la mano por su bolso intentando buscar las llaves: el móvil… no, la cartera… no, la funda de unas gafas… no, el pintalabios… no, ahhh las llaves ¡por fin! Las sacó y abrió el coche a distancia haciendo como que disparaba y cerrando un ojo. Estaba feliz.

Entró en su coche. Se miró en el retrovisor, le gustó lo que vió. Definitivamente estaba más joven y guapa que nunca. Se arregló un poco el pelo, se puso las gafas de sol y rebuscó en el bolso su móvil. Marcó un número de memoria y llamó.

“¿Sí?” Contestó una voz masculina y débil al otro lado.

“¡Hola, Cariño! Acabo de salir de trabajar…”

“¡No quiero verte!” Contestó la otra voz cortante. Inmediatamente colgó.

Entonces advirtió que tenía un mensaje en el móvil.

“Se lo que has hecho, se con quien te has visto. ¡Ojalá te pudras!”